martes, 29 de abril de 2025

Espacio Gallichio - 29 de Abril de 2025

 


ESPACIO ANTONIA FRANCISCA CAPUTO DE GALLICCHIO. 2025. Abril 29

“Deo Gratias por mi colegio San Román, que cumple 25 años de existencia” … “y gracias, mi Dios, por permitirme después de veinticinco años seguir leyendo en los ojos de mis alumnos, porque esos ojos adolescentes, a pesar de todas las alienaciones, de todo el avance técnico, de todos los extravíos del mundo, no han aprendido a mentir”. Discurso de 1979, Bodas de Plata.

"ME ABRIÓ LA CABEZA... "

Una ídola, una genia, que hacía de Lengua y Literatura, una atrapante materia gracias a una Profesora fuera de serie. De pequeño porte pero enorme mujer, de una personalidad que llegaba a lo profundo de nuestro ser. Su nombre, Antonia Caputo de Gallicchio, una persona que en el mejor de los sentidos, "me abrió literalmente la cabeza..." Le debo totalmente a ella, que desde un primer momento (1964-3* Bachillerato), despertó en mi, virtudes que tenía aletargadas, creatividad insospechada, sentimientos profundos... Con el correr del tiempo, fuimos compañeros de trabajo en el SanRo, siempre con charlas amenas, enriquecedoras y así la vida, nos hizo fraternales amigos. Hoy se cumplen 7 años de su fallecimiento pero en mi corazón, ha dejado luces encendidas que no se apagarán jamás... La disfruté mucho como amigo, en su Librería "Telus" y tuve más de una oportunidad de expresarle con toda el alma, mi agradecimiento eterno por todo y por tanto. La gratitud es la memoria del corazón...

*Del Facebook de Fernando Gallardo (27-04-2025)*



MORRIÑA, NOSTALGIA, AÑORANZA... Del libro Sange Gallega, Samoh, Primavera 2020

El ajenjo y el crataegus son las plantas que me recuerdan al abuelo  José,  el  primero  con  su  aroma  y  amargo  sabor característico, utilizado como te digestivo y el segundo, un arbusto pinchudo de frutos rojos o anaranjados, al que le dedico horas en los jardines y en su Pacheco, su pedazo de tierra en el mundo y el jazmín, su sencillez y aroma, en la esquina de su casa de la calle Republiquetas y 3 de Febrero, remiten a la abuela Herminia, todas ellas me acercan a los abuelos, me acompañan estos años y me dejan su compañía constante.    

En  esa  casa  que  alquilaban  compartiendo  con  otros familiares  del  abuelo,  la  cocina  que  estaba  alejada  de  las habitaciones fue el lugar de los mimos y caricias de la abuela hacia su nieto, el fuenton, la espuma desbordando, la esponja y las uñas largas  tocando  mi  espalda…rasguños  de  amor… y  si,  era  así nomás, El preferido de la abuela, halagador para uno, imposible evaluar las reacciones del resto de los 7 nietos…   Ricardo  recurre  a  su  memoria  ´…escucharlos  me  llevaba  a sus tierras imaginándolas con sus relatos que atrapaban mucho más que los libros de Emilio Salgari…veo sus ojitos entrecerrados, húmedos,  sus  voces  y  las  sonrisas,  todas  dulces  y encantadoras…¨   ¨…la abuela me conto que en España, su casa natal era muy linda,  de  anchas  paredes  de  piedra,  dos  plantas-como  casa  de altos  según  sus  dichos-  en  la  planta  baja  el  pesebre,  cocina  y comedor,  éramos  ricos  decía,  poseíamos  dos  vacas  lecheras, mansas,  de  enorme  ubres,  nos  daban  mucha  leche  con  la  que producíamos manteca, crema, quesos y el sobrante se vendía o canjeaba por otros  productos alimenticios o telas, calzado o lo que conviniese…las  vacas  impecablemente  bañadas  y  cepilladas sobre una cama de paja seca y limpia. Las heces y la orina casi nunca llegaban al suelo, ya que prácticamente en cada momento, alguno de la familia acudía presto con un cubo para recogerlas y las habitaciones  en planta alta, recibían además el calor de ambas productoras,  haciendo  que  habitarlas  fuese  placentero…los cerdos y gansos bien alimentados con nueces y castañas asadas, cuidados con dedicación, al crecer eran faenados para consumo en fresco o chacinados…¨ ¨…  como todos, también tenía  huerto con unas acelgas así de grandes, decía y sus brazos extendidos apenas daban la medida de las hojas, se reía carcajadas al igual que en ese momento era su cómplice, José, exageraba? No sé, lo creía y lo creo…¨   ¨…recorrían las rías de la zona, con su padre comandando el bote de madera, grande y pesado, recolectando los duraznos con sus manos hermosas a mis ojos, siempre cuidadas y en cremadas con su marca, Hinds…y con las puntas de sus dedos enfrentados y  muy  separados  mostrando  su  gran  tamaño  y  comentando  lo exquisito que eran…¨ 

Ricardo  pudo  reconstruir  la  llegada  de  la  abuela  al  país, siendo una señorita, 15/16 años, formando parte de un grupo de mujeres, de buenas familias, educadas, necesitadas. La AMERICA significaba  alimentación,  dejar  atrás  la  situación  de  miseria  y guerra, desolación, eran 42  jóvenes conchabadas de  antemano, como fámulas-sirvientes- de familias poderosas de la época. José de 11 añitos al otro lado del charco, solo, sin afectos presentes,  duele  su  sufrimiento…haciendo  un  paralelo  con Ricardo, de 10 añitos, dejando Ambrosetti, su patria chica, para ir a Bs. As., rodeado de afectos, pero con la angustia del desarraigo en el cuerpo…  El  abuelo  había  incursionado  como  taxista,  épocas  muy difíciles, plena la denominada década infame, transporte público en manos de los ingleses…allá por el año 1928, cuenta Ricardo, ¨…tenía un Ford doble Phaeton con trasportines, es decir, dos filas de  asientos  más  unos  sillines  de  espaldas  a  los  asientos delanteros, ampliando la capacidad a transportar El abuelo José fue uno de los primeros auto-colectivos que hacia el recorrido desde Puente Saavedra por Av. Cabildo hasta la Estación Federico Lacroze…las vueltas de la vida, años más tarde primero el Tío Mario se  hacía colectivero en  Ambrosetti y en el 2003,  Ricardo  y  sus  hijos,  brindando  el  servicio  de  transporte público entre Junín y San Martin de Los Andes. 



UN FIN DE AÑO ATÍPICO - Gustavo N - Setiembre 2022

En el barrio de Las Cañitas, precisamente en una esquina donde estaba antiguamente el restaurante La cantina del Polo, ahí esperaba la grúa, minutos antes una frenada, un golpe seco, el estruendo que por unos instantes acapara la atención del portero que barre la vereda. Pasaron unos interminables minutos hasta que me senté allí a tomar un café, el auto quedó con el radiador averiado y entre otras magulladuras. El contendiente, solo una pequeña marca en su paragolpe delantero, nada que reportar al seguro.

Diciembre y las fiestas vienen con un desencanto especial; fue un año difícil que me costó transitar, la decisión de separarme, a los pocos días un despido injustificado en el trabajo y los meses que pasé desocupado recorriendo oficinas sin esperanza; mi nuevo trabajo, en medio de un sinfín de problemas, sumado a mis inestabilidades sentimentales, y ahora un motivo más que se suma a la necesidad de terminar el año. Ya no quedaba espacio para un llanto más.

Hablo con mis viejos, mientras espero esa grúa que me llevará a depositar el auto en el chapista, mi mamá mientras escucha mi relato me recuerdan que está libre el departamento que viven alquilando hace unos años en enero, en Villa Gesell, y me dicen que me vaya con algún amigo a celebrar la llegada del nuevo año, porque ellos no van a ir hasta el 3 de enero, con una de mis hermanas y mi sobrino. Mi respuesta fue, después te digo. No podía pensar.

Tan solo a unas cuadras de todo, estaba ella trabajando, hacía unos días que nos habíamos reencontrado luego de un vertiginoso año de desencuentros, se me ocurrió llamarla y ofrecerle un fin de año distinto, en Gesell; sabía que ese fin de año la pasaría con sus amigos, lejos de su familia puntana, y que nos encontraríamos de madrugada. ¿se animaría a subirse a ese tren con destino incierto? 

Un llamado desde el celular, y un amigo caritativo me prestó su auto para esa aventura, volví a llamar por celular para decirle que ya tenía solucionado el tema del viaje. Seguía mirando el auto chocado, todavía faltaba una hora para que llegara la grúa, en esos días los servicios se colapsan tanto como mi vida en ese preciso momento.

Por extraño que pareciera, recordé otros momentos y otras circunstancias, la necesidad de un abrazo y el rechazo de una caricia, todo era tan vívido que me caían las lágrimas. ¿Un fin de año diferente? ¿escapándome de quién? ¿de yo mismo?

El recuerdo me trae el departamento donde vivías y donde ese último tiempo volvía -como los primeros días- a buscarte para compartir momentos y conocernos; todo cerca y tan lejos. Qué difícil me resultó poder luchar con mis fantasmas para tenerte plena, para poder brindarte mi amor. 

Así llegan los saludos a la familia –mi hijo estaba en la casa de sus abuelos maternos en el sur- los llamados a los amigos y las corridas de último momento; pasamos la noche juntos a la espera de la partida, tomamos mate en la cama mientras una película en I-Sat acaparaba nuestra atención, nos abrazamos sabiendo que mañana partiríamos.

Despertamos, desayunamos, subimos los bolsos, pudimos partir, con sensaciones encontradas, yo como corriendo un año difícil y buscando un año placentero, nunca supe si ella buscaba lo mismo, pero en ese momento nos complementábamos bien. Habíamos tenido desencuentros, que iban desde mis inseguridades hasta sus seguridades. La Villa iba a ser nuestro páramo.

Llegar para ir a la playa, a mirar el mar, después fuimos en busca del departamento alquilado, preguntamos por un lugar donde comprar bebidas y algo que comer, se acababa el primero de los cuatro días del mejor fin de año que pasé. Cenamos tranquilos y volvimos a caminar por la playa a la luz de la luna, en silencio, esperando ver una estrella fugaz que nunca llegó.

Por la mañana, recuerdo la carpa y las reposeras que alquilamos, el mar calmo y todas las veces que entramos al mar a divertirnos, el caminar buscando ese Parador para comenzar el año en la plaza, el volver a tomar sol, distraernos nuevamente jugando entre las olas, el cambiarnos para la cena; la llegada de las doce, los fuegos artificiales, en ir hasta el mar los primeros minutos del año, el carnaval carioca que se escuchaba a lo lejos, los fuegos artificiales que recortaban la silueta de la costa, los abrazos (que tanto me costaban), los besos, el champán y todo lo que hizo que mis recuerdos sigan tan intactos como ese día, todavía puedo verte con ese vestido sin mangas en la gama del celeste, en cuadrillé, que te había regalado y me dijiste que lo ibas a estrenar para fin de año, te recuerdo bailando a la luz de la luna. 

Sigo mi camino hoy por Buenos Aires, sigo recordando muchos de los lugares que conocí; busco en esos recuerdos todas esas cosas lindas en que viví, indefectiblemente siempre están los fuegos artificiales en la playa, y que ese fue el mejor fin de año de mi vida. Hace años que no paso por Las Cañitas, que no voy por Gesell y que no tomo mate en la cama.

Aclaración: los relatos MORRIÑA, NOSTALGIA, AÑORANZA... y UN FIN DE AÑO ATÍPICO, fueron compartidas en el grupo de WSP en formato audio.

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