ESPACIO ANTONIA FRANCISCA CAPUTO DE GALLICCHIO. 2025. Marzo 29
“Deo Gratias por mi colegio San Román, que cumple 25 años de existencia” … “y gracias, mi Dios, por permitirme después de veinticinco años seguir leyendo en los ojos de mis alumnos, porque esos ojos adolescentes, a pesar de todas las alienaciones, de todo el avance técnico, de todos los extravíos del mundo, no han aprendido a mentir”. Discurso de 1979, Bodas de Plata.
FRASES
Recordar a los padres.
Esas frases que vienen a la memoria de Hache, de su pareja y de su hermano. Es una manera de sentirlos cerca y en el recuerdo, provocar sonrisas cómplices, compartidas.
Hache se sorprende cuando salen de su boca, sin pedir permiso. Es hereditario: han sido transmitidas y son parte del lenguaje diario sin quererlo.
¿Cómo se apellida? El intento desesperado de su madre por conocer a esa persona que tenía frente suyo. La primera de una serie de preguntas, disparadas, ametralladora en mano. Esperan respuestas que confirmen, o no, el origen de ese apellido, bajo la atenta mirada y escucha de su padre.
¡No sé qué dice!, el grito y el gesto desencajado de su cara, unidos en el reclamo. Ella interpreta que la están dejando fuera de la conversación. No puede permitirlo. Necesita completar la información para terminar de armar el rompecabezas de esa persona que recién conoce. No puede tolerar que hablen por lo bajo y casi para adentro como deglutiendo algunas sílabas. Le parece otro idioma. Es una situación difícil para Hache, cómo hacerle entender que es su manera de comunicarse. Sin culpas, sintiéndose que tiene toda la razón, repite una vez más “no sé lo que dice”. Con el aliento en suspenso, Hache, espera la reacción del interlocutor. Esa persona no se ve afectada, incluso trata de elevar el tono y hacerse entender. Como las gatas, su madre siempre queda bien parada. Se sienten grandes amigos, aquí no ha pasado nada. “Dios nos libre y guarde”: implorando ayuda celestial. Expresión que usaba al sentirse desbordada. Ya habían quedado atrás el fastidio expresado por su padre en un “que lo pan con queso”, frase que cuesta encontrarle hoy un sentido. Lo que es indiscutible, es lo sabroso de esa combinación gastronómica. Ella y él lo entendían como una queja o una maldición mundana. Lo mismo que decir “que lo tiro de las patas”, una elegante manera para no emitir malas palabras, esas que su madre conocía muy bien.
Las frases que su padre emitía denotaban parquedad y un uso controlado de lenguaje bien directo. Un negativo-positivo para evitar un no-sí. En autos” y “conociendo el paño”, propio de la jerga militar o el “De proa a popa” y “a embarcar”, desnudando así su vocabulario, típicamente marino, propio de su historia personal. Y el “Toma mate y avívate”, su manera de cachetearte y reafirmar su opinión.
Ambos padres eran muy sensibles a los olores. No gustaban convivir con ellos por mucho tiempo. De inmediato, ordenaban con gesto adusto: “Tira perfumina” o “usa el producto”, dos distintas formas de transmutar el aroma. Situación que, lamentablemente, no siempre ocurría. Por experiencia propia, Hache debe decir que, a veces, un feo olor es preferible a un mal olor, mezclado con perfume de dudoso origen químico y en aerosol.
“Más caliente que negra en baile”. Como si las necesidades biológicas pertenecieran solamente a un color de piel. Una antigua expresión popular que denota discriminación. Hache se pregunta si esa frase no estaba diciendo que el placer sexual es pecaminoso, identificatorio de una sola clase social. La clase menos favorecida, la clase de menos prejuicios, quizás.
Si de consejos se trata, su madre se ubica en el podio. Como Hache le recordaba, la Universidad de la Calle le dio letra, al decir sin ruborizarse, “si el funque – funque funciona hijo…”, parecen palabras en modo lunfardo. Decodificándolas, quería decir que si el dialogo de cuerpos en la pareja funciona, todo lo demás también…
Cuando hacía referencia a una anécdota o a una historia en particular metía, de repente, un “de aquella”, donde daba espacio a la melancolía o un dulce recuerdo de sus abuelos.
Y, por último, diría su madre, “con una porción de pizza –una de cada- y una seven” -léase Seven Up-gaseosa mezcla de lima limón – “estoy lista”.
Es un buen ejemplo que se puede disfrutar y ser feliz con muy poco.
The End, como en las películas de Hollywood.
DOS ALTARES EN UNO
El auto como un altar. Nunca lo había pensado así. Linda oportunidad a considerar surgida de un amigo de la vida.
En el auto, una vez más, corriendo las mismas calles, frenando en los mismos semáforos, pero no somos los mismos, no nos reconocemos, aunque nuestros autos recorran los mismos caminos en los mismos horarios. Miro el tablero, todo parece estar bien, ninguna señal destella, la radio sigue prendida trayéndome música seleccionada por el conductor del programa.
Ya pasé por la parroquia, entré como todas las mañanas, con paso acelerado a detenerme frente a un altar que levanta las figuras de San Cayetano, la Virgen de Fátima y San Expedito, en ese orden le rezo al trabajo, a la protección y a la solución de las cosas urgentes, hay otros altares, pero solo este me llama la atención para que allí eleve una plegaria.
Vuelvo al auto, busco esas calles y ese camino que ya conozco, manejo mientras suena la música y los recuerdos piden permiso para salir, un semáforo detiene mi marcha, pero mis pensamientos logran salir.
Soy niño nuevamente en una tarde soleada de primavera, un ataque de asma me lleva a los brazos de mi madre, mientras se ocupa de mi hermana Silvia, por el momento somos dos hermanos, mi hermana más chica –Andrea- nacerá dentro de un año, hace poco nos mudamos a ese departamento, que los viejos compraron con mucho esfuerzo y un crédito hipotecario que terminarán pagando con los años. La sensación de ahogo no cesa, la tos arrecia. Si bien, es un ataque como los de siempre, hay preocupación en el ambiente. Mi hermana juega con sus muñecas.
La puerta se abre, llega mi padre con su traje impecable, la tardecita va oscureciendo la casa, seguro que unos matecitos traerán una nueva charla con mi madre, mientras nosotros sus hijos buscaremos su atención.
Mi padre se acerca, le da un beso en la frente y le entrega un pequeño regalo a mi hermana, quien sale corriendo a abrirlo, llena de felicidad. Yo miro todo desde los brazos de mi madre, es mi padre que camina hasta nosotros, y del bolsillo de su traje, saca una cajita envuelta para regalo y con una sonrisa en los labios, me lo da; aprovecha ese momento para preguntar cómo estoy, mi madre comentará que sigo con asma. Mi padre espera que esos regalos me den el aliento que me falta, y que mis pulmones recobren su ritmo normal. Abro el paquete y en la caja me encuentro con un auto. Mis ojos rebozan alegría, lo miro, lo toco y lo vuelvo a mirar; mientras tanto, mi hermana se acerca y le muestra su nueva muñeca a mi madre.
- ¿Qué nombre le vas a poner a tu muñeca?, le pregunta.
Los papeles de regalo se expanden por el piso, en un living amueblado la escena se alarga con las sombras del atardecer. Mi padre me toma en brazos, mientras mi madre se agacha a jugar con Silvia y buscar un nombre.
- ¿y campeón, cómo estás? Me pregunta mi padre.
- ¡Papi, conseguiste trabajo! Gritaré lleno de alegría, esa será mi única respuesta.
Mi padre no sabrá que responder, solo atinará a acariciarme la cabeza y decirme que todavía no, pero que pronto volverá a trabajar, que me quede tranquilo y que me mejore.
El volante como si fuera un banco de iglesia sirviendo de apoyo a mi frente. Estoy pidiendo al cielo que las cosas sean de otra manera. Me gustaría que la vida pueda manejarse como el control remoto de la TV, solo manejar dos teclas y listo. El menú elegido a gusto de cada uno. Una vida más previsible por delante.
La palanca del freno de mano accionada con el auto en velocidad. Recuerdos que vienen a la mente. Varias frenadas abruptas y descontroladas por el alcohol y la droga. La respiración entre cortada sin saber cómo seguir. No hay autos que se crucen ni en condiciones de presenciar ese acto suicida.
24/10/2022
Aclaración: El sentido de estos relatos es jugar con nuestros recuerdos y homenajear hechos de nuestra vida que nos han marcado.
En especial, Dos Altares, que se ensambló a partir de dos relatos propios compartidos entre Horacio y Gustavo, cómo si fuera un ensamble, un equipo que toca la misma sinfonía.










































































