ESPACIO ANTONIA FRANCISCA CAPUTO DE GALLICCHIO. 2025. Febrero 28
“Deo Gratias por mi colegio San Román, que cumple 25 años de existencia” … “y gracias, mi Dios, por permitirme después de veinticinco años seguir leyendo en los ojos de mis alumnos, porque esos ojos adolescentes, a pesar de todas las alienaciones, de todo el avance técnico, de todos los extravíos del mundo, no han aprendido a mentir”. Discurso de 1979, Bodas de Plata.
Hoy van dos colaboraciones: Adiós Nonino y 14 Amonestaciones
ADIOS NONINO.
Una tarde que anuncia lluvia. Una humedad sentida en el cuerpo. Es como estar en Bs.As. Mate con tortilla. Combinación ideal para iniciar el disfrute de la escritura. ¿Necesidad pura versus obligaciones laborales? ¿Quién terminara ganando? La muerte del papá de Ismael fue rápida. un mes desde el diagnóstico de la enfermedad. El hombre que hizo la excavación donde descansan sus cenizas comento muy en voz baja ¨ debió ser un buen hombre, no sufrió¨. Con la sabiduría de los humildes, fue un abrazo largo y sostenido en ese pensamiento-sentimiento expresado. Quizás porque se acerca la fecha de cumpleaños. Se acerca el día de agradecer a quienes dieron la vida. La presencia de su papa se siente. Los recuerdos vienen a la memoria, con los años se comprenden muchas actitudes que, en su momento, pueden incomodar, doler, un hombre con muchas corazas, una vida dura con un padre fallecido muy joven, la necesidad de migrar de un pueblo a una gran ciudad. La búsqueda del sustento familiar para su familia. Un adolescente convertido en adulto de repente. Y ahí aparecen cada una de las corazas, una manera práctica al alcance de la mano para no sufrir tanto. Es una aparente frialdad que la vida lo fue empujando a exhibir. No dejaba espacio para mostrar su sensibilidad…En estos días Piazzolla cumpliría 100 años. Se suceden los homenajes merecidos, vienen imágenes y voces de la casa de Republiquetas. El dial de la radio en Rivadavia, Héctor Larrea y Antonio Carrizo conductores de otra época, los tangos históricos versus el tango nuevo de Piazzolla, sus cuestionamientos a lo que no consideraban Tango. Es el destino de los diferentes, de los pioneros, de los brillantes, de los genios. El 11 de junio de 1983 llegó al Teatro Colon. Le llego así el gran reconocimiento en su tierra. Pudo ser un Profeta en su tierra, un hombre rudo, fruto de la inmigración,
permitirse emocionarse hasta dejar asomar alguna lagrima en ese día tan especial. Escuchar sus tangos hoy permiten que la melancolía rodee el ambiente, llegando así a Buenos Aires Es inevitable ser transportado a ese lugar- el Puerto-. Un buen ejemplo de identificación de música y lugar. A esta altura cabe preguntarse qué tienen que ver Piazzolla y Enrique, la respuesta está en que Ismael encontró en su música el salvavidas para poder empezar a llorar a su padre. Hasta ese momento el cuerpo y alma estaban como congelados, lágrimas en suspenso. El Adiós Nonino es conmovedor. Sirvió en aquel momento para llorarlo. Hoy esa música permite sentir la comunión padre – hijo, hijo –padre, un abrazo de almas, un festejo a la vida.
14 AMONESTACIONES
Se está terminando el año lectivo, año que fue muy movilizador, mi rebeldía contra el colegio a esa altura del calendario ya se había apaciguado.
Es el último sábado de noviembre, el martes terminan las clases; no quedaba mucho por estudiar, no había cumpleaños de 15 al que estuviera invitado, solo estaban las películas de Cine de Super-Acción ya las había visto infinidad de veces, tampoco tenía un programa para la noche, seguramente como era habitual me encontraría con Fabián a escuchar música.
Ese sábado iría nuevamente por el colegio a eso de las 18 hs. después de merendar.
Cuando llegué al colegio, me encuentro con casi los mismos actores que el sábado pasado, uno de ellos me dice que les está faltando uno para el “picado”, sabiendo que vivo a tan solo a 2 cuadras del colegio, me invitaron nuevamente a jugar.
- Voy a buscar el bolso y vuelvo, respondí.
Caminé rápido las 2 cuadras hasta mi casa, armé rápido un bolso Adidas que tenía con un pantalón de futbol, una remera, las zapatillas, las medias, junto a una toalla, el jabón y el desodorante.
- Volví porque me invitaron a un picadito en el cole y a eso de las 8 de la noche estoy de vuelta.
Respondí ante la pregunta de mi madre, y como exhalación retorné al colegio.
Llegué al buffet y pedí la percha para cambiarme y dejar luego la ropa en custodia, un alumno que estaba como encargado voluntario, me dice que la agarre, le repetí, como el sábado pasado, que no era socio pero que le pagaba por el uso de la percha, me dijo que no era necesario, me conocía. El Jefe de encargados de ese momento asintió, era un año mayor, se recibe de Perito Mercantil ese año, no solo es muy buen alumno sino que en ese entonces era jugador del seleccionado de Hándbol del colegio que solía consagrarse campeón en el Intercolegial de colegios católicos, al cual seguía como hincha a todos los partidos, sean estos en el colegio Claret o en el Guadalupe, también nos conocíamos de haber practicado deportes en River; creímos tener sin saberlo, hasta ese preciso momento, una amistad
finalmente, cuando el horario estaba por terminar, alguien dijo:
- El que hace el último gol gana.
Pedí mi percha y mi bolso al encargado, mientras le pagaba lo consumido saludo al Toti Crosta, el Jefe del Departamento de Educación Física, responsable y coordinador de todos los deportes que se realizaban en el colegio, que recién llegaba y pasaba a ver como terminaba la jornada; me fui hacia las duchas, sin más.
Cuando estaba terminando de cambiarme, viene el encargado y me pregunta si pagué la percha, la modalidad era que, si te olvidabas el carnet del club, tenías que pagar la percha; le dije que no y le recordé que no era socio. Ese año había sido el único año que no me había asociado al club, en principio porque durante el año anterior casi no había ido al club, ni participado en alguna olimpíada; recordé también que durante 2do año también había sido encargado voluntario, tanto en el Salón como en el Buffet y conocía las reglas, nadie que no fuera socio podía usar las instalaciones, pero las exigencias solo eran para los que jugaban al futbol, nunca pedíamos un carnet para jugar en el Salón. No había sido desacertada esa decisión de no asociarme, sino fuera esos dos últimos sábados de noviembre en que, para matar el aburrimiento, había pasado por el colegio y me habían invitado a jugar “a la pelota” porque les faltaban jugadores, no porque fuera bueno, sino porque sabían que vivía cerca del colegio y que podía ir a buscar la ropa para cambiarme y jugar, ya que estaba prohibido hacerlo con ropa de calle.
Ya cambiado, me quedé charlando con algunos compañeros, y una vez cerrado el club, volví a casa, cenaría y luego saldría con amigos; a las 2 de la mañana volvería a casa, porque en ese entonces esa era la hora límite permitida para salir, y sabía que si incumplía la regla establecida podía quedarme sin futuras salidas, como penitencia.
El lunes volvería al colegio.
En el último recreo, que transcurría entre la 5ta y la 6ta hora, me vino a ver un alumno, llegaba agitado, el cursaba en 5to A en planta baja y yo en 5to B en el primer piso, como no sabía si iba a bajar al patio, subió corriendo las escaleras y me llamó por mi sobrenombre:
- ¡Borracho!
- ¿Qué pasa?, le respondí.
Como si no me hubiera escuchado, me increpó:
- ¿Qué hiciste, Borracho?
- Nada, le respondí. No sé de qué me hablas, le dije sorprendido.
Me cuenta rápidamente que me quisieron expulsar del colegio que, en la reunión de encargados se trató el tema de que había estado jugando al futbol el sábado en el Club y que no era socio, y que el encargado de relatar los sucesos- dijo que yo había esperado que los encargados se distrajeran para “robar” una percha y de esa manera evitar el control, y que cuando se dieron cuenta y me fue a consultar, yo había reconocido que la había sacado, y que pagaría por su uso; fue Toti Crosta que propuso la máxima sanción, no solo por el engaño, sino por el agravante de haber robado la percha para eludir el control.
Lo asombroso del relato me enmudeció.
Este alumno, tambien voluntario en el club, me comentó, que él había pedido que antes de sancionarme se me permitiera hacer un descargo sobre el tema, que no se me podía acusar y que no pudiera defenderme, que no creía que yo haya “robado” la percha. Esto hizo que muchos encargados apoyaran su propuesta, por lo que Toti Crosta, propuso sancionarme con amonestaciones, ya que debido a la finalización de las clases. no había tiempo para otra cosa.
Cuando terminó de contarme todo, le agradecí, y le relaté como habían sido los hechos, y le recordé que yo había sido encargado también en 2do año y que sabía de la prohibición, por eso antes de pedir la percha, les había dicho que no era socio pensando que si tenía la autorización del Encargado no había inconvenientes. A modo de descargo, le dije: Que, si hubiera ido y vuelto de mi casa cambiado, el Toti no se hubiera dado cuenta que había jugado un partido y que no era socio.
El alumno que vino a alertarme, me escuchó y me dijo:
- Supuse que no era como ellos decían, por eso solo pedí que te escucharan antes de sancionarte; por eso solo te sancionan por haber usado las instalaciones sin el carnet, y no por el supuesto robo que te acusaban.
Le agradecí. nuevamente
Sonó el timbre, terminó el recreo y cada uno se fue a su aula. Yo me fui pensando en ese sábado, en todos los problemas que había tenido ese año, en cómo me sentí perseguido por las autoridades, en cómo me había cuidado para no darle más disgustos a mis viejos, que se preocupaban por mi continuidad en el colegio y lidiaban con mis conatos de rebeldía; y que una vez más no lo había logrado.
En la última hora, me vinieron a buscar de Celaduría, en Sala de Celadores estaba el Toti y el Turco quien me dio en mano el Boletín de Amonestaciones, donde se volcaban todas las faltas mayores, las menores iban en la libreta. Cuando abrí el Boletín pude leer: 14 amonestaciones por haber infringido el Reglamento de Club Juvenil San Román; no recuerdo quien me comunicó, que el motivo de la sanción era el haber utilizado las instalaciones del club sin haber sido socio, no tuve derecho a réplica, cuando quise aclarar la situación me dijeron que si tenía algo que decir mis padres podían pedir una reunión con el Rector. Me retiré en silencio y volví al aula, guardé el boletín blanco en la carpeta negra de ganchos donde estaban guardábamos las hojas de todas las materias; luego comentaría lo que pasó con mis compañeros, antes de irnos a casa. Ya nos habían comunicado que mañana no habría clases, por lo que el boletín de amonestaciones estuvo años guardado en un cajón hasta que se perdió en alguna mudanza; si bien se lo mostré a mis viejos ese día y les conté todo lo sucedido, mi viejo solo atinó a negar con la cabeza y decirme que nadie me iba a defender cuando Toti se dio cuenta que no era socio, que las complicidades que había pedido y obtenido, se esfumaron ante la autoridad, que nadie se iba a inmolar por mí, que lo tuviera como antecedente, y que le agradezca a ese alumno, que fue el único que mostró nobleza con su acción, y que ese chico se había jugado por mí, que pidiendo solamente que se me escuchara, me había defendido sin saber lo que realmente había pasado ese sábado. Y terminando la conversación me dijo algo que no olvidé hasta el día de hoy: -Y recordá siempre: que los verdaderos amigos van a creer primero en vos antes de hacerle caso a lo que digan los otros y te van a defender sin pruebas, así que nunca -pero nunca- los defraudes.






















